“Teatro Crítico Universal
o discursos
varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes”
Fray Benito Jerónimo Feijoo. Madrid
1730
Fray Benito Jerónimo Feijoo nació en Casdemiro (Orense) 1676 – Murió en Oviedo 1746
Miembro de una familia noble, renunció a su mayorazgo para ingresar en la Orden benedictina, en el monasterio de Samos, cuando tenía 14 años. Cursó estudios superiores en la Universidad de Salamanca y en 1709 se trasladó a Oviedo en cuya Universidad desempeñó varias cátedras, llevando una vida retirada en una celda del monasterio de San Vicente. En este lugar inició sus escritos, ya a edad avanzada. En el primero defendió la "Medicina escéptica" de Martín Martínez de los ataques de López Araujo, poniendo ya de manifiesto que el aristotelismo y las escolástica serían su principal enemigo intelectual. Su primer tomo de "Teatro crítico universal o discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes" se publicará en 1727, apareciendo nuevos tomos a partir de 1730, incrementado el último con el añadido de las "Cartas eruditas y curiosas". En este amplio trabajo de 13 volúmenes trata sobre opiniones antropológicas, curiosidades de la naturaleza, descubrimientos, etc. con las que satisface su afán divulgatorio, recuperando el talante humanístico de sus admirados Vives o Bacon. Sus trabajos tendrían una amplia repercusión, tanto a favor como en contra y el propio Fernando VI defendió al escritor ante el ataque inquisitorial.
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Defensa de la existencia de Bernardo por Fray Benito Jerónimo Feijoo Teatro crítico universal Tomo cuarto, Discurso trece 56. Lástima es que los sucesos de aquellos siglos no quedasen delineados a la posteridad con alguna mayor especificación. La obscura ó imperfecta imagen que nos resta de ellos, basta a representarnos que todos los triunfos de los antiguos Héroes son muy inferiores a los que lograron nuestros Españoles. ¿Qué hazañas pueden Roma, ó Grecia poner en paralelo con las del Cid, y de Bernardo del Carpio? ¿Quién duda, que en ocho siglos en que apenas se dejaron las armas de la mano, y en que los Españoles se llevaban casi siempre en la punta de la lanza la victoria, habría otros muchos famosísimos guerreros, poco ó nada inferiores a los dos que hemos nombrado? Pero al paso que todos se ocupaban en dar asuntos grandes para la historia, ninguno pensaba en escribirla. Todos tomaban la espada, y ninguno la pluma. De aquí viene la escasez de noticias que hoy lloramos. Y aún no es lo más lamentable que con muchos de nuestros ilustres progenitores se haya sepultado la memoria de ellos y de sus hazañas, por faltar Autores que la comunicasen; sino que haya hoy Autores que quieran borrar la memoria de algunos pocos, que por dicha especial se eximieron de aquel común olvido. 57. Un Historiador Aragonés que escribió el siglo pasado, dudó de la existencia del famoso Bernardo del Carpio, sin exponer algún fundamento para la duda: ni se juzgó que tenía otro que cierto espíritu de emulación, manifestado en varias partes de su Historia, que le inclinaba a cercenar parte de sus glorias a los Castellanos para exaltar sobre estos a sus Aragoneses. Pero a más se adelantó poco ha un historiador Castellano (el Docto Don Juan de Ferreras); pues se atrevió a estampar resueltamente, que no hubo tal Bernardo del Carpio en España, sin más motivo que hallar mezcladas algunas fábulas en las hazañas de este Héroe, y algunas contradicciones en las varias noticias que nos han quedado de él. 58. Debilísimo fundamento por cierto; pues con el mismo se podría negar la existencia de casi cuantos hombres ilustres tuvo la antigüedad. ¿Quién ha habido, en cuyas acciones y circunstancias concuerden, sin discrepancia alguna, todos los Autores? ¿Qué hombre cuerdo negará (pongo por ejemplo), que hubo en la Asia un Príncipe famoso por sus conquistas, llamado Ciro? Pues ve aquí que en su Historia se han mezclado muchas más fábulas y contradicciones que en la de Bernardo del Carpio. Es infinita la discrepancia que hay entre las narraciones de Herodoto, y Jenofonte: y ni aquel ni este concuerdan en todo con alguno de los demás Autores que escribieron del mismo Príncipe. Si queremos saber cómo murió Ciro, en Herodoto hallamos que pereció en una batalla contra Tomirys, Reina de los Escitas: en Diodoro Siculo, que no fue muerto, sino prisionero en aquella batalla, y después Tomirys le hizo crucificar: en Ctesias, que cayó atravesado de una saeta batallando contra los Dervicios, Pueblos vecinos de la Hircania: en Jenofonte que murió en Persia de muerte natural. En fin, en otros que pereció en una batalla naval contra los Samios. Añádese el que nadie duda que Jenofonte introdujo muchas fábulas en la vida que escribió de Ciro: que los mejores críticos convienen en que no está exento de ellas Herodoto, y [349] que Ctesias es Autor sospechoso por muchos capítulos. ¿Será lícito concluir de aquí que Ciro es un Héroe fabuloso? §.XVIII 59. He dicho que no usa el Doctor Ferreras de otro fundamento que el expresado para negar la existencia de Bernardo del Carpio; porque aunque también aplica al asunto presente aquel casi transcendental argumento suyo, de que se sirve para negar innumerables hechos históricos; esto es, no hallarse la noticia en Autores coetáneos, o inmediatamente posteriores a los sucesos; esta prueba ha sido tantas veces concluyentemente rebatida sobre otros asuntos, que en el presente se debe reputar como ninguna. Sin embargo, ya que se ofreció la ocasión, diré algo sobre esta materia. 60. No se halla (arguye el Doctor Ferreras) noticia de Bernardo del Carpio en algún Autor ó escrito anterior al Arzobispo Don Rodrigo, y a Don Lucas de Tuy: luego no hubo tal Bernardo. Consecuencia infeliz Para que esta fuese buena, sería menester probar que esa noticia anterior, no sólo hoy no se halla, mas tampoco se hallaba cuando aquellos dos Autores escribieron; y esto jamás podrá probarse: antes lo contrario se debe tener por moralmente cierto; porque de dos Escritores de tanta gravedad y sabiduría, como todos los críticos reconocen en aquellos dos Prelados es totalmente increíble, ó el que forjasen en su cabeza la persona y hazañas de Bernardo del Carpio, ó que asistiesen a las noticias que podría ministrarles algún vano rumor del vulgo. 61. En las Naciones más cultas y amantes de las letras perecieron infinitos escritos de Autores muy recomendables. Claro se ve, que es mucho más natural que esto sucediese en España en aquellos tiempos, cuando casi todo el cuidado se llevaban las armas, y ninguno las letras. Llegarían, pues, y llegaron sin duda a los dos Prelados instrumentos y memorias seguras de la persona de Bernardo del [351] Carpio, las cuales después se perdieron. Instemos de nuevo en el ejemplo alegado arriba. Herodoto, Ctesias, Jenofonte, Diodoro Siculo, y Trogo Pompeyo, cuya Historia abrevió Justino, fueron un buen espacio de tiempo posteriores a Ciro. No se halla algún Autor contemporáneo, ó inmediatamente posterior a aquel Príncipe, que dé noticia de él. ¿Deberá inferirse de aquí, que no hubo tal Príncipe, y que cuanto de él se cuenta es fabuloso? Es claro que no; y no por otra razón, sino porque debe creerse que aquellos Autores escribieron sobre memorias ó escritos que entonces existían, y después se perdieron. Es cierto, que antes de los nombrados hubo varios Historiadores que escribieron las cosas de la Asia, y de la Grecia, como Símias Rodio, Eumeles Corintiaco, Camo Milesio, Châron Lampsaceno, Janto Lidio, y otros de quienes sólo sabemos los nombres. De estos pudieron copiar los Historiadores que les sucedieron, las noticias que por sus manos llegaron a nosotros; y es de creer que lo hicieron así. Perecieron las Historias primitivas de Grecia, y Asia, y quedaron las segundas, a las cuales damos aquella fe que es proporcionada al carácter de los Autores y calidad de los sucesos, persuadiéndonos la recta razón que las segundas se tomaron de las primeras. 62. Vaya otro ejemplo. Las Historias más antiguas que tenemos de las cosas de Alejandro, son las de Plutarco, Arriano, y Quinto Curcio. El más antiguo de estos Autores [379] es más de trescientos años posterior a Alejandro. ¿Será motivo este bastante para disentir positivamente a cuanto hallamos escrito de aquel Héroe? De ningún modo; porque aunque ninguno de ellos fue testigo de sus hazañas, ni alcanzó a los que lo fueron, se debe creer que las participaron de otros escritos anteriores que hoy no existen. De Arriano se sabe (porque él lo dice), que arregló su narración a la de Aristóbulo, Historiador Griego, contemporáneo del mismo Alejandro; pero el manifestarnos la fuente de donde derivó su Historia, fue un accidente, sin el cual esta no dejaría de ser copia de aquel original. Y como en caso de callarla, sería temeridad insigne repudiar [352] como fabulosa la Historia de Arriano por ignorar de qué Autores anterior se había copiado; del mismo modo, y aún con más fuerte razón en el nuestro será temeridad insigne condenar como fabuloso lo que el Arzobispo Don Rodrigo y el Obispo Don Lucas refieren de Bernardo del Carpio, por ignorar de qué instrumentos ó escritos se tomaron aquellas noticias. Dije con más fuerte razón; porque estos dos Prelados en virtud de las graves circunstancias que concurren en ellos, fundan un evidente derecho contra toda sospecha de ficción ó vana credulidad, a menos que de aquella ó de esta se exhiban pruebas ciertas y positivas. 63. Con esta reflexión se derriban (digámoslo así) de un golpe casi todas las opiniones especiales que el Doctor Ferreras lleva en la Historia de España; porque casi todas se fundan en la misma especie de argumento; quiero decir, en la ignorancia de los escritos ó memorias primitivas de donde se tomaron sus noticias los Autores que hoy tenemos. No negará el Doctor Ferreras (ya se ve), que en muchos de estos concurren todas aquellas calidades y señas que pueden acreditarlos de sabios, prudentes, y sinceros: luego tienen evidente derecho para que no presumamos, ó que forjaron en su celebro las noticias, porque esto sería capitularlos de mentirosos; ó que las tomaron de algún vano rumor, porque sería acusarlos de imprudentes. §. XIX 64. Todavía se puede oponer contra la existencia de Bernardo del Carpio, y el testimonio de los dos Prelados, el silencio de los Cronicones ó Crónicas anteriores, en los cuales no se halla noticia alguna de nuestro héroe. Pero este argumento sólo podrá hacer fuerza a quien no haya visto aquellos Cronicones, ó ignore el carácter, intento, y forma de tales escritos; los cuales no son otra cosa que unos brevísimos compendios de la Historia de España; de tal modo, que algunos Reinados abundantes en grandes y notabilísimos sucesos, apenas ocupan en ellos media página. ¿Cómo es posible hallar [353] expresado el nombre y hazañas de Bernardo del Carpio, ni de otros muchos Caudillos que rigieron las Escuadras Españolas, en unos Sumarios, que en algunos Reinados sólo dicen a secas que tal y tal Rey ganaron muchas victorias, sin expresar cuántas, ni cuándo, ni dónde, ni contra quién, ni con qué gente, ni otra circunstancia alguna? Es innegable (como poco ha argüía muy bien un famoso Antagonista del Doctor Ferreras), que en aquellos siglos en que los Españoles lograron tan continuadas victorias, hubo entre ellos algunos ilustres guerreros y excelentes Capitanes. No obstante, de ninguno de ellos se hace memoria en los Cronicones. Luego como el silencio de estos no prueba contra la existencia de famosos Caudillos en común, tampoco prueba contra la existencia de Bernardo del Carpio en particular. Texto
extraído de la Biblioteca de la Universidad de Salamanca
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