Bernardo del Carpio

Clica para ler em português

 

La mal llamada Reconquista (pues no se inició con afán de reconquistar nada ni de unificar la Península) no comienza con los godos, si no con un nuevo reino: Asturias. Para muchos, Pelayo no es continuador de los godos, sino príncipe elegido por los astures, y Covadonga, si es que ocurrió, fue en 722. Los musulmanes decían que Pelayo "reina sobre un pueblo nuevo".

 Con VERMUDO I los astures han ocupado los montes de León, pero son derrotados por HIXEM II en el Burbia. Tras la victoria de Lutos (Narcea) los musulmanes se retiran y una expedición astur llega hasta Lisboa (796). Desde el 791 al 842, Asturias se relaciona con el Imperio de Carlomagno.

ALFONSO II El Casto que reina desde el 791 hasta el 835, traslada la capital a Oviedo. Durante su reinado se produce una gran ofensiva musulmana hacia el norte, pero ayudado por Bernardo del Carpio conquista Zamora y posiblemente Salamanca, ya que conocemos que posee un palacio en Zamora ("Olivares iuxta Palatium nostrum") y Bernardo un castillo cerca de esta última ciudad.

Alfonso II el Casto
Alfonso II el Casto

Bernardo nace , según la "Crónica General de España" del rey Alfonso X el Sabio en el año 794, en la corte, fruto de los amores secretos entre Sancho Díaz, conde de Saldaña y mayordomo del Rey y la hermana de éste la infanta doña Ximena. 

 

 Bastardo me llaman, rey,
siendo hijo de tu hermana;
tu y los tuyos lo dicen,
que ninguno otro no osaba;
cualquiera que de tal dicho
ha mentido por la barba
que ni mi padre es traidor
ni mala mujer tu hermana,
que cuando yo fui nacido,
ya mi madre era casada...

Foto cortesía de Antigüedades Antonio Moreno (Salamanca)
Hacha medieval de combate

 

Alfonso, que ha optado por el celibato, piensa  utilizar a su hermana como instrumento político para estabilizar alianzas por medio del matrimonio, posiblemente con Francia. Por eso la relación de su hermana le supone tal contratiempo que reacciona violentamente encerrándolos de  por vida. Al conde le saca los ojos y lo encarcela en el inexpugnable castillo de Luna, en León (tras apresarlo en una encerrona) y doña Ximena a un convento, a pesar de que sí estaban casados, pues habían contraído matrimonio en secreto. El rey promete solemnemente que no saldrán de allí más que para el entierro cuando les llegue la muerte.

Nace Bernardo y es criado en la Corte bajo la protección de su tío el rey, ignorante de quienes son sus padres, ya que todos tienen orden de no revelarlo al niño, que crece desconociendo el terrible castigo al que han sido destinados.

Ya con 18 años logra la hazaña guerrera que lo catapulta a la fama y los cantares épicos. El Emperador Carlomagno, ha detenido en Francia el empuje de las huestes musulmanas, y con la excusa de ser el paladín cristiano que puede parar la oleada conquistadora que sube del norte de África y las buenas relaciones con el rey astur, decide ampliar su territorio a costa  de hacerse con varias plazas al sur de los Pirineos.

Según Alfonso X: "Andados XXVII annos del reynado del rey don Alfonso el Casto... , pues que vio que era viejo et de muchos dias, enbio su mandadero en poridad a Carlos, enperador de los romanos et de los alemanes et rey de los francçeses, commo el non auie fijos, et sil quisiese venir ayudar conta los moros, quel darie el reyno".
Bernardo, (Bernaldo según el rey sabio), que  participa ayudando al rey Marsil de Zaragoza, y apoyado por las tribus vascas, derrota a la retaguardia del ejército imperial en el desfiladero de Roncesvalles, donde muere   lo más granado de la nobleza: los Doce Pares de Francia, y entre ellos su paladín Rolando o Roldán ("La Chanson de Roland") a quien reta y mata en duelo singular. Bernardo que se hace con la mítica espada Durendal, (para otros Duradante o Durandal), a la que al sentirse herido el paladín francés, trata de romper golpeando contra una roca, que lejos de romperse, se hunde en la peña sin quebrarse.
Rolando, héroe de los cantares de gesta franceses, también es un hijo furtivo de un noble y la hermana del emperador Carlos.

La batalla de Roncesvalles en un cuadro del siglo XV

 

 Roncesvalles

Cuéntame una historia, abuela.
- Siglos ha, que con gran saña,
por esa negra montaña
asomó un Emperador.
Era francés, su vestido
formaba un hermoso juego;
capa de color de fuego
y plumas de azul color.
- ¿Y qué pedía?
- La corona de León.
Bernardo, el del Carpio, un día
con la gente que traía:
"¡Ven por ella!", le gritó...
De entonces suena en los valles
y dicen los montañeses:
- ¡Mala la hubisteis, franceses,
en esa de Roncesvalles!

- ¿Se acabó la historia, abuela?
- Allí, con fiel arrogancia,
los Doce Pares de Francia,
también estaban, también.
Eran altos como cedros,
valientes como leones;
cabalgaban en bridones,
sin igual en el correr.
- Sigue contando.
- Salió el mozo leonés,
Bernardo salió, y luchando
uno a uno fue matando,
y hubiera matado a cien.
De entonces suena en los valles
y dicen los montañeses:
- ¡Mala la hubisteis, franceses,
en esa de Roncesvalles!

- Me place la historia, abuela
- ¡Con qué ejército, Dios mío, 
de tan grande poderío
llegó Carlo-Magno acá!
¡Qué de soldados! No tiene
más gotas un arroyuelo,
ni más estrellas el cielo,
ni más arenas la mar.

 


- ¿Y qué, triunfaron?
- Dios no los quiso ayudar
El alma les arrancaron 
a sus pies los derribaron
como al roble el huracán.
De entonces suena en los valles
y dicen los montañeses:
- ¡Mala la hubisteis, franceses,
en esa de Roncesvalles!

- Prosigue la historia, abuela.
- Diz que dice un viejo archivo
que no quedó francés vivo
después de la horrenda liz.
Y así debió ser, pues vieron
al sol de estos horizontes
muchos huesos en los montes
y muchos buitres venir.
-¡Qué gran batalla!
-No fue menor el botín:
banderas, cotas de malla
y riquezas, y vitualla
se recogieron sin fin.
De entonces suena en los valles
y dicen los montañeses:
- ¡Mala la hubisteis, franceses,
en esa de Roncesvalles!.

- ¿Y el Emperador, abuela?
- Huyó sin un hombre luego,
la capa color de fuego
rota, y sin plumaje azul.
Bernardo, el del Carpio, torna
a Castilla, tras la guerra,
y al poner el pie en su tierra
lo aclama la multitud.
-¡Qué de alegrías!
- En verlas gozaras tú.
Hubo fiesta muchos días,
tamboriles, chirimías,
y canciones a Jesús.
De entonces suena en los valles
y dicen los montañeses:
- ¡Mala la hubisteis, franceses,
en esa de Roncesvalles

Ventura Ruiz Aguilera 1847

Tras los éxitos militares, y viendo su  posición en la corte, como posible heredero de la corona, dos nobles Blasco Meléndez y Suero Velásques, familia del conde de Saldaña, apenados por la prisión de éste, consiguen que una dama aprovechándose de un juego, le cuente a Bernardo la situación en la que se encuentran sus progenitores.
Lo único que solicita y exige en pago a sus favores Bernardo, es la liberación de su padre, no consiguiéndolo por que el rey no quiere faltar a la palabra dada públicamente.Casco sarraceno; Foto cortesía de Antigüedades Antonio Moreno (Salamanca)

A la muerte de Alfonso II (año 842), la corona pasa por Ramiro y luego a Ordoño, reinados breves en ambos. A estos le sigue Alfonso III el Magno (866-910).

El rey Alfonso, en su hostigamiento a los reinos musulmanes del sur, llega hasta Benavente, en cuya batalla con el rey moro Ores, se vió rodeado y a pie al morir su caballo; entonces llegó Bernardo que le ofreció su caballo y le cubrió las espaldas salvándole la vida. El rey se lo agradece dándole para él y sus herederos el castillo del Carpio, cerca de Alba de Tormes (Según la "Crónica General" de Alfonso X, es Bernardo quien construye el castillo en ese lugar). Igualmente sobresalió en la batalla de Zamora contra  el ejército de Alchaman.

El caballero francés don Bueso (muy cantado en el romancero popular), invade tierras del reino de Asturias, presentando batalla contra el ejército real cerca del castillo de Amaya; allí muere en duelo con Bernardo, tras de lo cual sus tropas abandonan el campo y huyen a Francia.

A pesar de la fidelidad de Bernardo y los éxitos militares, éste no ceja en pedir al monarca la liberación de sus padres. Esta exigencia irrita grandemente al rey, que termina expulsándolo del reino

Peña de la traición en Carpiobernardo
Peña de la traición
en Carpio-Bernardo

Estando en el exilio, con el derecho que le da el destierro, se dedica a guerrear contra algunas plazas de Alfonso III el Magno (creador del reino de León al dividir el territorio en tres partes para sus hijos), desde el castillo del Carpio cercano a Salamanca; el rey le pide que le devuelva el castillo y a cambio sacará a su padre del encierro. Sospechando que se trata de una celada, Bernardo acude a la cita rodeado de sus soldados dejando otros guardando el castillo, por lo que el rey no puede llevar a cabo su traición. Hoy el cerro del carpio donde aún quedan algunos pedazos pequeños del muro, en el pueblecito de Carpio-Bernado, se llama la "peña de la traición"; esa denominación toponímica se debe seguramente a este hecho, que se narra en uno de los mejores romances:

 

 

Con cartas y mensajeros el rey al Carpio envió:
Bernaldo, como es discreto, de traición se receló
las cartas echó en el suelo y al mensajero habló:
"Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no;
mas al rey que acá te envía dígasle tú esta razón:
que no lo estimo yo a él ni aun a cuantos con él son;
mas, por ver lo que me quiere, todavía allá iré yo."
Y mandó juntar los suyos, de esta suerte les habló:
"Cuatrocientos sois, lo míos, los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio para el castillo guardar;
los ciento por los caminos que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere peor se la he de tornar."
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
"Manténgavos Dios, buen rey, y a cuantos con vos están."
"Mal vengades vos, Bernaldo, traidor, hijo de mal padre:
dite yo el Carpio en tenencia, tú tómaslo de heredad."
"Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad;
que si yo fuese traidor a vos os cabría en parte:
acordársevos debía de aquélla del Encinal,
cuando gentes extranjeras allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos querían matar:
Bernaldo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar,
allí me distes el Carpio de juro y de heredad;
promestístesme a mi padre, no me guardastes verdad."
"Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha!"
"Aquí, aquí los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día que honra habemos de ganar!"
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
"Qué ha sido aquesto, Bernaldo, que así enojado te has?
Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te do el Carpio, Bernaldo, de juro y de heredad."
"Aquesas burlas, el rey, no son burlas de burlar;
llamástesme de traidor, traidor hijo de mal padre;
el Carpio yo no lo quiero, bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere muy bien lo sabré ganar."

Ver la versión publicada por Menéndez Pidal  Ver la versión del romance recogida por M. Pidal

 

El rey, tras recibir  las llaves del castillo y convencido por los nobles de la corte, accede a liberar al conde Saldaña. Pero cuando van a buscarlo a la prisión, ya  ha muerto; no obstante, el rey manda que lo vistan y coloquen en un sillón para recibir a su hijo.
Cuando Bernardo acude junto al cadáver de su padre, tras los primeros momentos de dolor, manda sacar a su madre de su reclusión en el convento y hace  que una su mano a la del difunto para que sea público ante los cortesanos y la nobleza el matrimonio de sus progenitores.

Despechado y frustrado abandona el reino (según otros autores es desterrado por el rey) y se dedica a vagar errante buscando la muerte en el combate sin lograrlo, muriendo a los 82 años. (En esa época la esperanza de vida era la mitad).

A su muerte fue enterrado en el Monasterio de Santa María la Real Pulsa para ver una página sobre el Monasterio  de Aguilar de Campoo en una cueva bajo el monasterio y en la tumba reposó su espada. Este sepulcro fue lugar de peregrinaje durante siglos; incluso el Emperador Carlos I fue a visitarla en 1517 con su hermana Leonor.  Cuando desembarcó en Laredo tras ser nombrado emperador, el 30 y 31 de julio de 1522 vuelve a Aguilar y visita el sepulcro de Bernardo del Carpio, llevándose la espada legendaria que hoy se conserva en la Armería de Madrid (con el nº 1698, armario C). De la tumba no quedan restos, pero aún existía en 1850 cuando Madoz redacta su Diccionario. El Monasterio, joya del románico también se encontraba arruinado.

Espada atribuida a Bernardo del Carpio
Espada de Bernardo del Carpio que se custodia en la Armería del Palacio Real

Pulsa para ver un artículo sobre "la cueva de Bernardo" ("La cueva de Bernardo" artículo de la Asoc. Amigos de Aguilar)

 

 


Ir al Inicio